La reconstrucción facial tras un trauma grave —como un accidente de tráfico o un daño por enfermedad— siempre ha representado un reto enorme para la cirugía.
Hasta hace poco, el éxito dependía en gran parte de la habilidad manual del cirujano, de su experiencia y de su capacidad para “recostruir” a ojo la estructura ósea y facial del paciente.
Pero gracias a la tecnología moderna en 3D, esta tarea se transforma: hoy en día es posible planificar la cirugía con antelación, simular el resultado, y guiar la operación en tiempo real para reconstruir el rostro con precisión milimétrica.
Un ejemplo destacado de esta innovación se vive en el Policlinico di Bari, donde recientemente se ha introducido un “navigatore intraoperatorio” basado en tecnología 3D. Con este sistema, los especialistas en cirugía maxilofacial pueden reconstruir virtualmente el rostro del paciente antes de la operación, permitiendo una planificación detallada del procedimiento.
El proceso comienza con estudios de imagen —como TAC o escáneres— del paciente. A partir de estos datos, el software especializado genera una versión tridimensional del cráneo y de las estructuras faciales. Así se consigue una “fotografía anatómica” exacta del daño: fracturas, huesos desplazados, zonas destruidas, etc. Esa imagen sirve para planear con precisión cada paso del procedimiento quirúrgico, desde la resección de tejido dañado hasta la reconstrucción con injertos.
Durante la operación, el navigatore guía a los cirujanos en tiempo real: les indica cómo colocar los fragmentos óseos, en qué orientación, y cómo alinear correctamente las estructuras del rostro. Esto reduce drásticamente el margen de error y permite restaurar tanto la funcionalidad (masticar, hablar, respirar) como la estética.
La precisión del sistema 3D también acorta los tiempos quirúrgicos y minimiza complicaciones. Un ejemplo reciente: una mujer de 51 años, con graves fracturas faciales tras un accidente, fue intervenida con esta tecnología; gracias al navigatore, los cirujanos lograron reconstruir su rostro con éxito, y los exámenes radiológicos postoperatorios confirmaron un óptimo resultado.
En el pasado, métodos similares ya se usaban para reconstruir mandíbulas tras tumores —mediante la impresión 3D previa de modelos óseos y posteriores injertos óseos—, pero la novedad actual radica en la aplicación al rostro completo, con fracturas múltiples, y en la integración “virtual → real” en un solo flujo de trabajo.
Este progreso es posible gracias a inversiones en tecnología médica: en el caso del Policlinico di Bari, los fondos provienen del programa europeo FESR-FSE 2021-2027, destinados a modernizar estructuras hospitalarias y promover la telemedicina.
En definitiva, la combinación de software avanzado, navegación intraoperatoria y modelos 3D ha transformado el campo de la cirugía cranio-facciale. Lo que antes era impredecible, hoy puede planearse con detalle; lo que dependía de la destreza manual, ahora se logra con la ayuda de la tecnología. Esto abre nuevas posibilidades no solo para víctimas de traumi o accidentes, sino también para pacientes oncológicos, personas que necesitan reconstrucciones tras enfermedades graves, e incluso para cirugías reconstructivas estéticas con fines reparadores.
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