Guía clara y práctica para quitar el moho de la junta de la lavadora con un gel efectivo, pasos seguros, trucos caseros y consejos para que no vuelva.
Abres la puerta de la lavadora y te recibe ese olor a humedad que no perdona. En el borde de goma, las manchas negras siguen ahí, tercas, como si hubieran firmado contrato. En muchos pisos pequeños —Madrid, CDMX, donde sea— la lavadora vive en un rincón sin ventilación y el moho tiene su fiesta.
La buena noticia: ese borde se puede recuperar sin dramas. La clave está en usar un gel que se quede pegado a la junta el tiempo suficiente para deshacer la colonia.
Guantes y buena ventilación. Paños de microfibra y un cepillo de dientes. Un gel antimohos comercial (los de hipoclorito “en gel” funcionan bien) o un gel casero: mezcla 2 cucharadas de bicarbonato, 1 de lavavajillas y añade poco a poco agua oxigenada (3%) hasta lograr una pasta espesa. Papel de cocina para fijar el gel en los pliegues.
Nunca mezcles lejía con vinagre, amoníaco ni otros ácidos. Si usas productos distintos, enjuaga entre uno y otro.
Retira restos: con un paño húmedo saca pelusas, cabellos y jabón acumulado en los pliegues de la goma. Secar antes ayuda a que el gel agarre mejor.
Aplica el gel: cubre las zonas manchadas, levantando suavemente la junta para llegar al borde interior. Si hay moho profundo, coloca tiras de papel de cocina impregnadas con el gel para que haga contacto continuo.
Deja actuar: 30–60 minutos suelen bastar. En casos duros, hasta 2 horas. El objetivo es que el gel no escurra y trabaje sin prisa. El tiempo de contacto es el 80% del éxito.
Cepilla y retira: frota con el cepillo de dientes, limpia con paño húmedo y repite en las zonas que sigan grises. Si usaste lejía en gel, ventila bien al limpiar.
Aclara la máquina: pasa un ciclo corto con agua caliente (sin ropa) o enjuaga a conciencia la junta con un paño limpio. Seca la goma y deja la puerta abierta.
El moho vive de humedad, oscuridad y restos de detergente. El formato gel se adhiere a la goma y mantiene el activo donde hace falta: el hipoclorito oxida y blanquea; el peróxido desinfecta sin olor fuerte; el bicarbonato ayuda a despegar la biofilm. Sin tiempo de contacto, los líquidos se escurren y el moho vuelve antes.
Deja la puerta y el cajetín entreabiertos después de cada lavado. Seca la junta con un paño tras los ciclos más húmedos (toallas, agua fría). Usa menos detergente: el exceso alimenta el moho. Haz un lavado de mantenimiento mensual a 60 °C con la lavadora vacía. Limpia el cajetín y el filtro cada 1–2 meses. Si tiendes en interiores, ventila: el ambiente cuenta.
Un domingo cualquiera, café en mano, basta con esos 15 minutos de cuidado para que tu lavadora vuelva a oler a limpio. La goma se queda clara, el ruido de centrifugado suena a casa, y el moho pierde, por fin, su domicilio fijo.
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